En una ocasión compartí tiempo con alguien que a mi parecer era desagradable, a pesar de tener capacidades admirables. Creí todo el tiempo que le venía mal lo referente a mi persona, como es costumbre. Incluso tuvo la oportunidad de llamarme la atención. En respuesta a ese comportamiento yo procuraba pensar en aquel como alguien a quien no desearía ver, pero mi subconsciente jugaba en contra, o no se que parte de mi cerebro se negó a aceptarlo. Su piel era de un color precioso, su cabello, a la medida, ojos y cejas estupendas lo demás era lo suficientemente sexi y común y corriente, es decir que lo único malo, era su actitud, además de ser evidentemente arrogante y orgulloso. Evitábamos mirarnos pero cuando no lo tenia a la vista, lo buscaba con impaciencia y mis sentimientos cambiaron. Jamás recibí muestra de agrado de esa persona en particular. Pero Un día, llegué a pensar algo distinto... Jamás había estado tan cerca de mi, en tanto el conversaba con otras personas yo l...